Del mar a la mesa: cada mañana vamos a la lonja a por pescado y marisco fresco.
Flota propia de un pueblo que vive del mar desde siempre.
Elegimos pieza a pieza el mejor género de cada mañana.
De la subasta al plato, sin cámaras ni intermediarios.
Peñíscola es uno de los rincones más bonitos del Mediterráneo: una ciudad amurallada sobre un peñón, coronada por el castillo del Papa Luna y rodeada de mar por casi todos sus lados. Pero antes que destino turístico, Peñíscola fue —y sigue siendo— un pueblo de pescadores.
Su puerto pesquero mantiene viva una flota que sale a faenar cada día, como se ha hecho aquí durante generaciones. De ese mar de casa sale lo que servimos en Rocamar desde 1962.


Cada mañana, cuando las barcas vuelven a puerto, en la lonja de Peñíscola se subasta el pescado y el marisco recién capturado. Y cada mañana estamos allí, eligiendo pieza a pieza lo mejor del día: langostinos, galeras, pescado de roca, sepia, calamar…
Por eso nuestra carta depende del mar: trabajamos con lo que entra ese día en la lonja, y eso se nota en el plato. Frescura de verdad, de la subasta a tu mesa en el mismo día.
La flota de Peñíscola descarga las capturas del día en la lonja.
Seleccionamos pieza a pieza el mejor pescado y marisco de la mañana.
Ese mismo mediodía está en tu mesa, con la frescura intacta.
Ven a probar el sabor del Mediterráneo tal y como llega del puerto.